El naranja no siempre tiene que ser intensamente brillante. El ocre, por ejemplo, es un pigmento tierra que va del tono amarillo dorado al color marrón amarillento. El más antiguo de todos los pigmentos orgánicos, el ocre, era muy utilizado en el arte prehistórico, siendo el ejemplo más notable los murales paleolíticos magníficamente pintados, encontrados en unas cuevas de Francia.

Desde hojas otoñales hasta trigales, los tonos ocres se asocian a todo lo natural. Al utilizarlos para decorar, evocan instantáneamente una sensación acogedora e íntima, convirtiéndose en la opción perfecta para dormitorios o cualquier espacio donde quieras que los invitados se sientan como en casa. El ocre combinado con pisos de madera y muebles naturales, como una alfombra de sisal con textura o accesorios en cuero o corcho, luce espléndido.

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