El púrpura fue descubierto, créase o no, por los antiguos fenicios en el siglo IV A.C. Inventaron una forma de extraer un tinte púrpura-rojo intenso de una especie de caracol marino pequeño encontrado en la región de Tiro, del Mar Mediterráneo. Pero el tinte púrpura vibrante era tan excesivamente costoso de producir –para un gramo se necesitaban 10.000 caracoles- que las sedas teñidas de púrpura solo eran usadas por reyes, reinas y emperadores.

Además, el púrpura llegó a representar la espiritualidad, porque los antiguos gobernantes que usaban el púrpura para engalanarse y adornar sus hogares a menudo eran considerados dioses o descendientes de los dioses. Entonces, si alguna vez sentís el deseo de llevar la batuta o ponerte en contacto con tu lado holístico, ¿por qué no pintás tu escritorio en un tono deslumbrante de púrpura real o inundás tu dormitorio de tonos apacibles de índigo? Por suerte, ya no se necesitan caracoles marinos…

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