Cuando a principios del siglo 19 se desarrolló un nuevo pigmento verde, parecía tratarse de un descubrimiento maravilloso. No solo era un color brillante e intensamente vibrante, sino que además su costo de producción era muy bajo. Los artistas adoraron el verde esmeralda, al igual que los fabricantes de empapelados, que lo usaron para todo tipo de diseños encantadores. Pero era demasiado bueno para ser verdad. El pigmento tenía una tendencia a emitir gases de arsénico - y digamos que los resultados eran a menudo fatales. Se cree también que la muerte de Napoleón en Santa Helena, donde se encontraba exiliado, se apresuró de este modo. A principios de 1900, el verde esmeralda cayó en desgracia debido a su reputación letal.

Afortunadamente, los pigmentos sintéticos reemplazaron con rapidez al verde esmeralda, con un color igual de vibrante pero sin los efectos secundarios no deseados. Por lo tanto, hoy podés usar este color tan precioso como la piedra para dar un efecto hermoso (¡y seguro!) a un living, un dormitorio o un baño, donde aportará lujo y elegancia con su brillo e intensidad.

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