El dormitorio debe ser un lugar cálido, cómodo y acogedor; un refugio que invite al descanso por las noches y a un despertar estimulante por las mañanas. La clave para lograr el equilibrio perfecto es la sencillez, en especial en la elección de colores.

Para las paredes, buscá un color que te haga sentir relajado y en armonía. Los colores suaves y delicados son siempre una buena elección: pensá en un lila de ensueño, en el azul grisáceo y en el gris perla. Pintá las aberturas y las molduras de blanco puro para un estilo más logrado.

Los muebles suaves y texturados y los accesorios vintage aportarán calidez y personalidad a la paleta de colores neutros. Incluso podés crear un punto focal sorprendente en torno a un mueble, como la cama o el sofá, con una colección de espejos o cuadros.

Colores disponibles