¿Tenés uno o dos objetos de los que no podés prescindir?

¿Cuáles son tus cosas preferidas? Quizás una lata vieja, una postal extraña o un jarrón precioso. ¿Por qué no usás este grupo de objetos personales como punto de partida para dar estilo a una habitación?

¿Tu tienda preferida te inspira?

Desde tiendas de moda preferidas hasta mercados de pulgas, tomá fotos de los objetos que te gustaría tener, coleccioná hojas de recorte de folletos o imprimí imágenes de tiendas en línea. Si presentás todas estas imágenes juntas, verás que reflejan tu estilo personal.

¿Tenés un amigo cuyo estilo admirás?

Todos hemos admirado la casa de un amigo o familiar y deseamos poder recrear el estilo. Hacé una lista de las cosas que te gustaría tener en tu hogar, como un sofá para sentarte con amigos a charlar en la cocina o un escritorio que mire a una ventana. Después, trabajá para poner esas ideas en práctica en tu casa.

¿Qué colores te atraen naturalmente?

Cuando elegís un esquema de color, el truco es limitar las opciones. Comenzá por recopilar muestras o imágenes de los tonos que te atraen, después reducí la selección a una paleta de color. Comprá potes de prueba para pintar las paredes y convivir con los colores por un tiempo para descubrir si realmente funcionan para vos.

¿Dónde te gusta sentarte y relajarte?

Los restaurantes y hoteles están decorados para hacer que quieras sentarte y relajarte. Si hay algún lugar donde te encanta ir, donde la iluminación es adecuada, los muebles son realmente cómodos y la decoración es elegante, adoptá el estilo. Tomá fotos y creá un collage para construir una imagen de tu espacio ideal.