1. Limpiá las paredes

Las paredes y superficies de la cocina en general están grasosas. Antes de comenzar a pintar, es importante limpiar todas las superficies por completo para asegurarte de obtener un buen acabado. La mejor forma de hacerlo es limpiarlas con una solución limpiadora o un detergente fuerte. Usá agua tibia y enjuagá por completo todos los residuos antes de dejar que las paredes se sequen.

2. Prepará la habitación

Antes de comenzar a pintar, cubrí los bordes de los azulejos, electrodomésticos, molduras y mesadas con cinta de enmascarar. Esto te ayudará a crear un límite bien definido y limpio con la superficie pintada. Lo mejor es también cubrir las mesadas, electrodomésticos y el piso con una lámina plástica para que caiga allí cualquier chorreadura.

3. Comenzá desde arriba

Como con cualquier habitación, comenzá a pintar la cocina desde el techo hacia abajo, de manera que si la pintura chorrea no caiga sobre superficies recién pintadas. Para los techos y las paredes, usá una pintura de cocina ya que estas están preparadas para resistir la condensación de humedad que se produce en estos espacios. Vas a ver que es más fácil pintar las superficies pequeñas y los bordes con un pincel en lugar de con un rodillo.

4. Pintá las puertas de las alacenas

Si tenés ganas de pintar las puertas de las alacenas de la cocina, la forma más sencilla de hacerlo es primero desmontarlas. Limpialas con una solución limpiadora o detergente, después rellená los huecos en las paredes con masilla, antes de lijar las áreas y limpiarlas. Según la superficie, puede valer la pena usar un fondo y una base para mejorar la cobertura. Con Albalux 2en1 no necesitás usar una base previa y es de alta resistencia al lavado y al roce.

5. Pintá la carpintería

Por último, pintá toda la carpintería. Pintá de arriba hacia abajo, comenzando por las ventanas. Lo mejor es empezar a pintar por la mañana de manera que haya todo un día para que se sequen antes de tener que cerrarlas a la noche, siempre que pintes con nuestros esmaltes al Agua. Después, pintá la puerta, el marco y el antepecho y posteriormente el zócalo. Al pintar el zócalo al final, hay menos riesgo de que el pincel se contamine con suciedad o polvo.