1. Antes de empezar, es recomendable examinar las ventanas en busca de señales visibles de moho. Las ventanas están constantemente expuestas a la lluvia y a la luz del sol y por lo tanto, constituyen un entorno propicio para la formación de moho. Ante cualquier indicio de moho, lo mejor es usar un limpiador anti-hongos.

  2. Si se observan huecos entre el marco y el vidrio, aplicá algún material de relleno con la ayuda de una espátula, puede ser una masilla multiuso o un sellador acrílico. Dejá secar por bastante tiempo.

  3. Quitá los herrajes de las ventanas. Podés dejar un tornillo en caso de que desees abrir y cerrar las ventanas durante la aplicación. Este movimiento ayuda a evitar que se atasquen las ventanas una vez que la pintura se seca.

  4. Volvé a usar la espátula - esta vez para quitar la pintura suelta. Levantá y rasqueteá la pintura en las zonas donde está más descascarada.

  5. Cuando hayas quitado la mayor cantidad de pintura posible, lijá suavemente el marco con un papel de lija mediano (P120-180) - esto eliminará los relieves y ayudará a que la pintura se adhiera mejor a la superficie. (Recomendamos usar una máscara durante el lijado porque se pueden inhalar partículas de polvo).

  6. Una vez que la preparación está casi terminada, es hora de limpiar la zona. Pasá la aspiradora a los marcos para quitar los restos de pintura seca y luego limpiálos con un trapo húmedo para eliminar el polvo.

  7. Una vez que las ventanas están limpias y secas, podés aplicar el imprimador. Las superficies de madera sin tratar se deben imprimar con un imprimador base agua para madera, como Fondo Universal al Agua. Si los marcos son de metal, optá por un Fondo Antióxido para metal. Una vez que el imprimador está seco, podés empezar a pintar.